Los Dos Volkswagen

Mi volkswagen es el blanco. No tengo muchas fotos de esos días, pero en esta estoy con mi pana Rafa que también tenía el suyo (aunque quizás con otra historia)

Esta es una de las situaciones mas extremas que viví en mi familia, no tanto por el tema, sino por las decisiones y actitudes que descubrí tenía y podía utilizar…

Dado el hecho de que aprendí a manejar a los 12 años, crecí esperando que llegara el día de tener mi carro propio. Como aprendí a manejar en el «Macho» Toyota que tenía mi papá, siempre quise tener el mío, por lo cual cada año me gustaba el nuevo modelo que salía al mercado. Mi mamá siempre nos dijo a mi hermano menor y a mí que en lo que tuviera las posibilidades nos regalaría a cada uno un carro, y aunque nunca se habló de quien sería el primero en recibirlo, pues la lógica, al menos la mía, era que siendo yo el hermano mayor pues sería el primer bendecido.

Llegó el día en que tanto mi hermano como yo nos fuimos a la Universidad. Yo me había ido a una ciudad donde vivía con una Tía, a quien le tomaba «prestado» su carro de vez en cuando; y mi hermano se fué a otra ciudad para estudiar en una Universidad en la cual se había ganado una beca. Luego de comenzar nuestros estudios, pues lo que hacíamo era regresar a la casa materna cuando teníamos oportunidad, coincidiendo en algunas oportunidades mi hermano y yo. En uno de mis viajes a la casa, mi mamá me comentó que un colega suyo estaba vendiendo un «volvajito», y que fuéramos a verlo ya que tenía la intención de comprarlo para nosotros. Por supuesto que me emocioné porque asumí que finalmente tendría mi carrito propio. Cuando llegamos al sitio donde estaba, descubrí que se trataba de una chatarra roja, y que el plan de mi mamá era que lo fuéramos reconstruyendo. A pesar de que no tendría mi carro de forma inmediata, pues me entusiasmó el proyecto, así que ese mismo día lo montamos en una plataforma y nos lo llevamos al taller donde se iría dando el proceso de recuperación. Una vez que regresamos a la casa, le comentamos a mi papá lo que habíamos hecho, y yo aproveché de contarle los planes que tenía con MI nuevo carro, y justo en ese momento salió mi mamá con la decisión de que ese carro era para mi hermano. La furia y la frustración me invadieron, pero no se si precisamente por la rabia, o por mi forma de ser, no pude hacer otra cosa sino quedarme mudo con la mirada fija en ella. Según mi mamá, el punto era que como yo vivía con mi tía, pues tenía la oportunidad de contar con el carro de ella cuando lo necesitara, mientras que mi hermano no tenía esa misma oportunidad, por lo cual la decisión era la tomada. Yo en mi interior pensaba que de mi parte todos se podian ir muy largo al carajo y que más nunca en mi vida tocaría el puto carro, pero mi mamá me dijo, con su estilo de siempre, que contaba conmigo, como siempre y más en el caso de los carros de la casa, para llevar adelante el proyecto. Sin mucho ánimo creo que dije que si, o quizás no dije nada pero tampoco tenía mucho por decir ya que cuando mi mamá tomaba una decisión, pues era la última palabra.

A pesar de la rabia que me producía, me dediqué a participar en el proceso de reconstrucción del carro, por lo cual regularmente iba a casa de mis padres y pasaba por el taller para ver cómo iban avanzando. Pasaba horas en ese sitio aprendiendo de la mecánica y de todo, ya que literalmente lo único que teníamos era la estructura metálica, y todo lo demás se fué construyendo poco a poco (al ritmo de las capacidades económicas de mi mamá). Así fueron pasando muchos meses, hasta que en uno de mis viajes mi mamá me comentó que había otro colega suyo que estaba vendiendo otro «volvajito», y que lo fuéramos a ver para comprarlo. Obviamente, este sería el mío, pero luego de la experiencia anterior, no me hacía ilusiones acerca del estado del carro, pero para mi sorpresa, el carrito estaba en un muy buen estado, 100% funcional. Mi mamá me dijo que lo revisara mientras ella negociaba la compra, y luego de algunos minutos, mi mamá me comentó que ya se había hecho la compra, por lo cual recibimos una factura temporal, así como el resto de los documentos del carro, y yo me fuí finalmente manejando, ahora sí, MI carro. Al llegar a la casa, me dediqué a lavarlo, pulirlo y prepararlo ya que al día siguiente regresaba a mis clases y por supuesto me lo llevaría. En un momento fuí y le pedí a mi mamá que hiciéramos un documento que pudiera usar en caso de que me pidieran los papeles del carro en el camino, y para mi sorpresa mi mamá me salió con uno de los discursos más cortos pero más impactantes que he recibido en mi vida: que como mi hermano seguía sin carro, y yo pues usaba el de mi tía, que ella había decidido que este nuevo fuera el de mi hermano, y el que estaba en el taller sería el mío.

Yo no podía creer lo que estaba escuchando. En ese momento, tomé una decisión que de acuerdo a mi estado, resolvería esa situación: me iba a ir de la casa, no iba a regresar más nunca, y así los dejaba que hicieran lo que les diera su puta gana con su hijo y sus dos carros. Sin mediar palabra alguna con mi mamá me fuí a mi cuarto a preparar todo para irme, pero algo me hizo buscar a mi papá para contarle lo que estaba sucediendo. Así lo busqué, y entre lágrimas de frustración le hice saber de la decisión de mi mamá, aunque no me atreví a decirle lo que iba a ser al respecto. Afortunadamente mi papá puso orden, y haciendo uso de su capacidad de palabra, dijo algo como que así nos había tocado la suerte a cada uno, y que si se había decidido que el primero era para mi hermano, pues inevitablemente el segundo era para mí, y era mi suerte que fuera el que estaba listo para usarlo. Así, se tomó la decisión final, y al día siguiente bajo la mirada escrutadora de mi mamá, me fuí con mi carro nuevo.

El mayor aprendizaje fué cómo no seguí mis instintos. De verdad había tomado la decisión, que más que por un carro, era por la forma como me sentía tratado. En muchas oportunidades es importante escuchar lo que nos dicen nuestros instintos, pero sin duda alguna, y más en materia familiar, se deben pensar las situaciones que se presentan.