Mi impensable Compañera de Trabajo


Cuando era pequeño solía ir con mi papá a su trabajo. El era biólogo y en la Universidad desarrollaba trabajos de investigación de manera que era muy divertido cuando pasaba todo el día en su laboratorio donde aparte de ver lo que hacían, me enseñaban a usar los instrumentos y hasta participaba con alguna responsabilidad en las investigaciones en desarrollo. En muchas oportunidades pasaba por el sueño de ser también un investigador y trabajar con mi papá, ambos de bata blanca, y hasta recibiendo un premio juntos, un Nobel para los Castellano.

Quizás uno pasa por el pensamiento de querer que sus hijos trabajen con uno sólo para tener la oportunidad de estar con ellos más tiempo y por supuesto mantener el manto de protección, lo cual termina siendo poco probable que suceda. Pero entre las cosas que nos trajo la pandemia estuvo la oportunidad de tener a mi hija de vecina de oficina. Sólo una pared nos separaba en el horario en el que yo trabajaba y ella asistía a clases. Así como yo escuchaba mucho de lo que ella hacía con toda seguridad ella escuchaba lo que yo hablaba, y en algunas horas nos encontrábamos en medio de los descansos que ambos teníamos y conversábamos.

Lo muy poco probable se hizo realidad y por el tiempo de la pandemia estuve trabajando con mi hija. Una vez que comenzaron a normalizarse las cosas cada uno regresó a su rutina original pero en mi caso me queda ese sentimiento de agradecimiento con la vida por la oportunidad de lograr ese sueño de trabajar con ella, quien sin lugar a dudas ha sido la mejor compañera de trabajo que tendré siempre.

El Primer Semestre


Para quienes hemos tenido la oportunidad de estudiar en la Universidad, y especialmente para mi, el Primer Semestre representó un punto de inflexión importante, si no el que más, en mi vida. Fué el momento en que me dieron el volante de mi vida para que comenzara a manejarla, aún inocente de todas las curvas, vueltas en «U», huecos, peatones y otras vidas que estarían compartiendo la vida conmigo. Momentos en los cuales se conoció realmente lo que significa la amistad; momentos en los que se dilucidó la duda sobre el amor, y en general, se entendió lo que querían decir nuestros padres durante todos los años previos.

Para quienes como yo lo vivieron, se hizo presente la tentación de todo lo que eran los males de los cuales buscaban protegernos y que gracias a los principios, valores y grandes discursos, logramos salir airosos y con un conocimiento nuevo como fué descubrir que cargábamos todas esas enseñanzas.

El comienzo de una historia, la de mi vida, que ahora comparto al menos hasta donde el decoro y las buenas costumbres me dejen!

https://fjcastell.wordpress.com/el-flujograma/el-primer-semestre/

Huyéndole a Carolina Herrera


Siguiendo con «Los Cuentos del Castellano«, les dejo este que sucedió hace mucho tiempo. De esas experiencias que parecen inventos literarios, pero que no son más que la realidad de la vida transcrita para el recuerdo.

Sin más preámbulo, les dejo «Huyéndole a Carolina Herrera»

 

Muerte en el Páramo (o casi casi)


MecumMonterey2014_F54.1_Jeep_1987_Grand Wagoneer_Station Wagon 4x4_1JCN15U6HT086900_Siguiendo con mis cuentos, les dejo Muerte en el Páramo (o casi casi). De esas cosas que suceden y que parecen mentira, pero que sí son muy ciertas. Parte de muchas experiencias familiares en los viajes que hicimos, y que iré compartiendo en este espacio.

 

Fernando Castellano Azócar

Creer en el Cambio


Estoy sentado escuchando música. Tengo a mi alcance miles, millones de canciones de cualquier género, todas literalmente en la palma de mi mano. Al menos a mi me parece increíble contar con ese poder, que para miles es algo tan normal.

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Imagen de Referencia

En mi infancia tuve la oportunidad de que en casa siempre hubo un «equipo de sonido». En un momento en que hubo un cambio, me tocó quedarme con el «viejo». Recuerdo que ese equipo estaba compuesto por una planta donde se conectaban unas enormes cornetas y el resto del equipamiento, que estaba compuesto por un «deck», que en mi casos era de doble cassette, y el «plato» donde se tocaban los discos (obviamente de vinil). Aquel equipo ocupaba la mitad de mi cuarto, que estaba atravesado por los cables de las cornetas, que estaban ubicadas estratégicamente para tener un sonido «envolvente» (en aquel entonces no existía aún el concepto de «home theater»). Al encender la planta se sentía esa especie de golpe en las cornetas, que era somo una muestra del poder que tenía. En el caso del plato, el detalle estaba en conseguir las mejores agujas posibles. Las había de distintos materiales, y se seleccionaba de acuerdo a cómo se quería escuchar la música (más nítida, menos ruido, etc). Era típico tener junto al equipo hisopos, algodón y alcohol. Con el alcohol y el algodón se limpiaban los discos, a los cuales, una vez embadurnados en forma circular (en el mismo sentido de los «tracks», se soplaba para que se secara más rápido. Y con el hisopo se limpiaban tanto los cabezales de reproducción de los cassetes como los rodillos de goma que movían la cinta por el intrincado sistema.

Con respecto a la música, contaba tanto con los discos de mi papá, como con los propios: Xanadú de Olivia Newton John, Ruido Blanco de Soda Stereo, son los que mas recuerdo. Mi fama comenzó a crecer entre los conocidos de la familia cuando se me ocurrió hacer mezclas de música. No voy a alegar qe inventé el concepto, pero puedo asegurar sin temor a equivocarme que por los años 80, en la ciudad donde vivía, nadie cometía esa herejía. Lo común era grabar los discos tal como venían en los cassetes, lo cual me parecía aburrido, por lo cual comencé a combinar (para no insistir en el término «mezclar») canciones de la Billo’s Caracas Boys con Soda Estereo, Serenata Guayanesa y Gualberto Ibarreto. Hacía uso de la música disponible en un proceso que era largo y complicado.

cassettePara grabar un cassette, había que comenzar por seleccionar el que se iba a utilizar. Lo común eran los de 30 y 60 minutos, y se comenzaba a tener disponibles los de 90. Luego, si se iban a utilizar normales, o de hierro, y se escogía entre las marcas disponibles (por lo general BASF y TDK). Para, por ejemplo, grabar una cinta de 60 minutos, iba seleccionando de cada disco las canciones en el orden en que iban a ser grabadas, para lo cual debía anotar el disco, el lado, la canción, el número de track, y los minutos que duraba. Se debía considerar el tiempo entre canciones, para lo cual había que intentar que fuera el menor posible. Se hacía entonces una operación matemática de sumas y restas, lo cual requería modificar las combinaciones y orden de las canciones, hasta lograr un tota de grabación que sumara unos 27 minutos para cada lado, siendo los 3 minutos restantes reservados para los espacios entre canción y canción. Luego de llegar al resultado requerido, se pasaba a la siguiente fase: la grabación.

Luego de limpiar los cabezales, la aguja y los discos, estos últimos se colocaban en el orden en que se iban a utilizar colocando el «estuche» de cartón donde venían los discos abajo, luego la bolsa plástica que los protegía, y encima el disco, siempre agarrandolo de los bordes (jamás por la superficie!). De acuerdo a la pauta, iba colocando cada disco en el plato; tenía en el deck la cinta adelantada (por lo general con el mejor instrumento utilizado para tal fin: un boligrafo kilométrico) de manera de poder comenzar sobre la cinta (y no la parte que no grababa del comienzo); en el deck estaban activados los botones «record», «play» y «pause». Uno de los dedos de la mano izquierda se mantenía sobre el botón «pause», mientras con la mano derecha bajaba la aguja, y veía cuando iba a comenzar la canción para soltar el botón de «pause» de manera que comenzara a grabar. Luego de que comenzaba la grabación, la atención se centraba en la agujas del nivel de volumen. Se debía evitar que superaran la barrera verde, pero lo ideal era mantenerlo en el borde, lo cual era casi un arte, y cuyo resultado era el mayor nivel de volúmen sin que distorsionara. Los momentos críticos eran cuando se trataba de una canción que no era la primera del disco, ya que se requería mayor precisión al dejar caer la aguja, porque el espacio era mucho más pequeño. Pero el peor momento, el de mayor estrés, era cuando se grababa la última canción de la pauta, que completaba los 30 minutos disponibles del cassette. Si los botones del deck se disparaban antes de que terminara la canción en el disco, se estaba ante un fracaso total. No era aceptable tener una canción cortada en la cinta, por lo cual, para evitar volver a grabar todo el cassette, se buscaba una canción más corta, se regresaba la cinta al comienzo de la que había quedado mal grabada, y se grababa encima.

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El modelo que tenía

Luego de finalizado el proceso de grabación, venía el momento de disfrutar de la combinación. Esto por lo general se hacía en el reproductor del carro, o en el deck, hasta que llegó uno de los inventos tecnológicos que más ha impactado mi vida: El Walkman! Con el primero que tuve pude cargar mi música a donde iba. Claro, había que cargar los cassettes, el walkman era grande, la batería duraba poco y los audífonos no eran los mejores… Un diciembre recibí de regalo uno de los mejores «gadgets» que he tenido: un walkman que era del tamaño de un cassette, pequeño, liviano, y que tenía un anexo para 2 baterías gigantes adicionales. Era lo máximo, aunque hoy en día pienso que la mitad de mis dolores de espalda pueden venir de cargar esas baterías en la cintura.

Así, disfruté mucho tiempo de mis propias combinaciones. Luego llegó la época de las magicmezclas«guerras de minitecas» donde si se empezo el tema de las mezclas, lo cual fué muy impactante para mí. Recuerdo que por esos días salió un disco que se llamaba «magic mezclas», que consistía realmente en dos discos de vinil con efectos para hacer mezclas (si contabas con el sistema adecuado). Precisamente, uno de mis grandes sueños era tener un mezclador… y de hecho hasta intenté construirlo sin éxito, hasta que en el año 85, en mis 15 años, recibí un regalo cuya forma era la de la caja de un mezclador. Lo que sucedió me hizo desistir del tema, y los detalles los estaré contando próximamente en mi podcast.

Hoy en día todo lo que necesito es mi teléfono y conexión a internet. Cada vez que lo hago recuerdo como era de distinto todo en mis días de joven, cuando cada minuto de música que escuchaba en mi walkman era el producto de mucho mas tiempo de preparación y esfuerzo. En aquel entonces, nadie, pero absolutamente nadie ni siquiera hubiese creído en una serie fantástica que llegaríamos a este punto en el que estamos. Por ello es que, ahora, siempre creo y apuesto a los sueños tanto míos como de los demás, porque somos completos ignorantes de lo que nos depara el futuro, pero debemos, sin lugar a dudas, creer en el cambio que inevitablemente nos tocará vivir.

AQNMC Capítulo 2: La Niña Rosario Almarza


Hace mas de 35 años viví esta experiencia, y aún hoy en día me asusta recordarlo. De hecho, en la noche mientras grababa el cuento, al final me dió miedo hasta llegar a mi cuarto no me espantaran de nuevo. En lugar de editar de noche el capítulo, lo hice a mediodía para no correr riesgos…

El nombre de la escuela donde estudié la primaria en Trujillo (Venezuela), «Rosario Almarza», es el de una niña que murió el día que hizo la Primera Comunión. En la escuela, comenzaron a reportarse apariciones de «la niña», de manera que en este capítulo cuento lo que sucedió después de una de esas apariciones.

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Mi grado de 6to en la escuela Rosario Almarza

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El día de mi primera comunión. A la extrema derecha Ingrid, quien es protagonista en el cuento

 

 

 

 

 

 

 

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En pleno acto haciendo mi primera comunión

A que no me crees – El Comienzo


En mi vida he inventado muchas cosas, y por supuesto todas dejan experiencia, y por supuesto un cuento. En los últimos años he estado escribiendo algunos de ellos, pero siempre busqué la manera de «echarlos» mas que escribirlos. Pues bueno, el momento llegó… Luego de algún tiempo que me tomé para decidirme, y muchos golpes aprendiendo cómo hacerlo, dejo aquí el comienzo de lo que ya es una larga lista de cuentos que tengo preparados. Ahora sí, las palabras sobran, así que los dejo con el cuento…

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