El Impacto de la Incertidumbre


Por: Fernando Jorge Castellano Azócar

La Incertidumbre nos envuelve. Por la vida, por la muerte, por lo que puede ocurrir, por lo que va a ocurrir, por lo que debe ocurrir. Desde siempre hemos desarrollado distintos medios para atacar esa incertidumbre que nos atormenta (brujos, horóscopos, chamanes, bolas de cristal…). Si algo han hecho las nuevas tecnologías es ayudarnos a manejar la incertidumbre: en cualquier momento podemos saber cómo está el tráfico hacia el punto al cual nos dirigimos, y de hecho, en nuestro camino vamos verificando segundo a segundo cuánto vamos a tardar en llegar; recuerdo cuando se verificaban las tarjetas de crédito en un libro donde estaban las que no se podían utilizar, mientras que hoy en día de forma inmediata te dicen si tu tarjeta es aceptada o no; Para saber el saldo que tenías en el banco, se dependía de una visita al mismo, o del estado de cuenta que llegaba mensualmente, momento en el cual encontrabas algún retiro que no era reconocido, semanas después de que lo habían hecho. Y así podemos nombrar muchos ejemplos de cómo ahora tenemos acceso a la información que antes era solo para privilegiados, o simplemente no existía. Nuestros niveles de incertidumbre, en muchos sentidos, tienen fuertes razones para disminuir y/o desaparecer. Sin embargo, en mi opinión, en el ámbito laboral aún no tenemos ese impacto a pesar de que existen también tecnologías que proveen lo necesario para alcanzarlo.

En cualquier actividad profesional que ejercemos existe al menos un objetivo que lo justifica. Para quien tiene ese objetivo asignado, quizás la incertidumbre de si lo logrará puede rondarle sus pensamientos; y para quien le asignó el mismo, se crea una expectativa que es, sin lugar a dudas, que lo debe alcanzar. Se establece el compromiso en el marco de un espacio de tiempo y se generan los indicadores que darán cuenta del avance (o no) hacia el objetivo. En este punto, la tecnología provee muchísimas opciones que permiten no sólo apoyar en la consecución de la meta, sino proveer los detalles del progreso. En la medida en la que la expectativa se vea cubierta, la incertidumbre tanto en ese caso, como en los sucesivos, deberá ser mínima.

Entonces, lo que comúnmente conocemos como «confianza», sería el producto final de la gestión de la incertidumbre. Y, precisamente, debemos ser conscientes de ese factor, de manera de darle la relevancia correcta a todo lo que hacemos. Al tener un objetivo, nos comprometemos a alcanzarlo en tiempo y forma, y no debería haber nada que lo impida. Por supuesto que la vida no es perfecta, y en el proceso se hacen presentes distintas situaciones que obran en contra de nuestro objetivo, y es allí precisamente que tenemos la oportunidad de destacar, buscando soluciones en lugar de excusas.

Finalmente, se hace imprescindible entender cómo, con una gestión incorrecta, la incertidumbre de poder alcanzar un objetivo se transforma rápida y violentamente en una certeza infinita sobre nuestra incapacidad, por lo cual es necesario siempre considerar que la expectativa sobre nuestras capacidades estará basada en los resultados que vamos alcanzando así como en la calidad de los mismos. Desde pequeño me enseñaron que entre las cosas mas importantes que siempre tendría estaba mi palabra, que al final tenía que ser la única garantía de todo lo que hiciera. Si desarrollamos las capacidades necesarias para mantener la incertidumbre bajo control, podremos dar nuestra palabra de que cubriremos las expectativas que creamos. En caso contrario, nuestro destino y el de la organización a la que pertenezcamos estará en manos del azar.

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