La Competencia como Objetivo de Crecimiento


Fernando J. Castellano Azócar

Siempre queremos ser los mejores…

Una amiga compartía en sus redes que había comprado unos libros para leer en éste año, lo cual le aplaudí pero no pude evitar decirle que al final no importaba si los leía todos, sino que se mantuviera leyendo. Y es que yo mismo soy un obsesionado de la lectura, obsesión que en algún momento me llevó al punto de detenerme y examinar por qué estaba leyendo, y es que el punto era que estaba metido en una competencia en la que tenía que leer más, más rápido, más libros, y al caer en cuenta de eso y examinar por qué competía, pues era conmigo mismo, contra mi propio ego.

Preguntándole a una nueva amiga, la Inteligencia Artificial, la tendencia de los seres humanos a convertir todo en una competencia tiene raíces históricas, evolutivas y culturales que están relacionadas con la supervivencia, la búsqueda de recursos y la organización social. Desde tiempos prehistóricos los humanos competían por recursos esenciales como alimento, pareja y territorio. La competencia favorecía a los individuos mas adaptados, quienes tenían mayores probabilidades de sobrevivir y transmitir sus genes. Y en la medida en la que crecieron las comunidades humanas se establecieron jerarquías que se reforzaban a través de la competencia. Con el tiempo se institucionalizó la competencia, convirtiéndose en una base fundamental para el progreso ya que se considera, y aquí viene la parte de lo que veo como problema, que estimula la innovación y el esfuerzo individual.

Al final tenemos una necesidad intrínseca de validación y reconocimiento y el competir nos permite compararnos con otros, encontrar un sentido de pertenencia o simplemente destacar.

Hoy en dia ya no necesitamos hacer mucho para competir. Solo con comparar quien tiene mas “likes”, mas seguidores, ya estamos en el proceso de competencia. En mi caso cuando vi que la competencia era conmigo mismo y ademas por algo absolutamente absurdo (quien leía mas y mas rápido), pude poner freno y retomar la actividad solo por placer, obviamente con las ventajas que tiene, como sucede con la mayoría de las cosas que hacemos.

También en dias pasados vi una oportunidad de tener la guía de alguien en el uso de LinkedIn, y todo iba bien hasta que me plantearon que me harían estar en el top 20 de personas mas influyentes, es decir, sería un plan para competir contra millones de personas y la medida de éxito seria el llegar a poder demostrar que soy el mejor que los demás; pero mejor desde una perspectiva muy particular porque estoy seguro que llegar a esa meta no hace mejor persona a nadie.

Leía un articulo en el que concluían que la maestría en cualquier campo de nuestras vidas es, simplemente, mantenerse en el camino. Entendería que si uno se establece un objetivo, se esta dispuesto a hacer lo que se requiera para alcanzarlo, entonces, el punto clave es tener claro por qué hacemos lo que hacemos, y la verdad es que, al menos en mi opinión, no todo debe tener un objetivo. Regresando al caso de la lectura, se puede leer para aprender, para entretenerse, incluso se puede leer como preparación para competir, pero lo que me resulta importante es vivir conscientes de qué hacemos y por qué.

Es decisión de cada quien definir en qué y cómo queremos crecer. Las opciones son infinitas, pero lo mas importante es que tengamos claro si el crecimiento es para nosotros ser mejores, o para demostrar que somos mejores que los demás. En el primer caso la competencia es interior, con uno mismo; en el segundo, sólo a través de la competencia se lograra pero en terrenos que nunca serán propios, que siempre serán ajenos y en los que la satisfacción, a diferencia de la primera opción, siempre será efímera.


Comentarios

Deja un comentario