Fernando J. Castellano Azócar
Recuerdo aquellos días en los que estaba por terminar los estudios en la Universidad y se acercaba el momento de comenzar a buscar “trabajo”. Quienes se graduaban antes iban contando todo lo que hacían: imprimir varias copias de sus CV, que eran como un cuaderno que tenía todo cuanto se había hecho; Tocar en la puerta de cada empresa que se conocía para dejar aquellos cuadernos junto con muchos otros en manos del vigilante, y si se tenía mucha suerte se lograba dejarlo en manos de alguna asistente o secretaria; El formato en el que se presentaba la información no era lo mas importante, sino compartir el mayor detalle, repito, de todo lo que se había hecho, con especial énfasis en las actividades extra-curriculares que se realizaban. Esto último debido a que básicamente no contábamos con experiencia laboral pero se necesitaba mostrar cualquier experiencia que se tuviera.
Desde que tengo memoria me he dedicado a buscar cómo ganar dinero. De hecho, mis padres siempre pelearon conmigo porque mientras estudiaba siempre andaba haciendo algo adicional que me proveía grandes satisfacciones económicas, y su preocupación, totalmente correcta, era que iba a descuidar los estudios. Habiendo tenido la gran fortuna de manejar computadoras desde muy pequeño, lo cual hoy en día suena como algo totalmente absurdo de mencionar pero, como ejemplo, cuando me fui a la Universidad en el año 1987 aún se utilizaba una computadora que trabajaba con tarjetas perforadas, mis padres me dieron una PC y una impresora de matriz de puntos de 180 columnas para irme a estudiar Ingeniería de Sistemas. Por allá por el año 1980 comencé a programar en Basic en la muy extraña computadora Sinclair ZX-81, de manera que cuando llegué a la universidad ya traía una base de programación, y allí tuve la oportunidad de aprender a programar bases de datos lo cual cambió mi mundo. Luego llegaron las páginas web, y la combinación de las bases de datos con los sitios web, y mi enfoque principal fué vender lo que podía hacer. Eso me llevó a ejecutar proyectos que fueron creciendo en tamaño e impacto, lo cual me llevó a terminar siendo contratado en una empresa como analista de datos, y de allí, por los últimos 25 años, siempre estuve empleado.
Hace unas semanas me quedé sin empleo. La palabra “desempleado”, como estoy seguro que a muchos, me asustó principalmente porque me sonaba a pausa, a vacío. ¿Qué iba a hacer?. Sabía que tenía mi cuenta en LinkedIn, así que comencé a consultar como hacerla muy eficiente en lo que creía que era su fin principal, contacté a los amigos más cercanos para pedir consejo (y por supuesto empleo), y principalmente senté las bases para trabajar en mi nuevo proyecto: mi próximo empleo. Y ahí comencé a vivir en carne propia los cambios que han sucedido en el mundo de la búsqueda laboral.
Primero, puedo dar fé de que “la matrix” está escuchando mis pensamientos. En toda aplicación que utilizo comenzaron a aparecer consejos, ofertas de empleo, y consultores garantizando que en 3 meses tendría el empleo soñado. Debo reconocer que eso me emocionó porque esos consultores se ven demasiado serios y comprometidos por lo que comencé a registrarme para salir de esta situación rápidamente, pero cuando llené el primer registro algo me pareció muy extraño: tenía que pagar unos montos bien interesantes para que me dieran los detalles de cómo conseguir ese empleo soñado, sin garantía de ningún tipo. Eso me pareció como estafa así que decidí no registrarme más, pero ya fué tarde porque mis aplicaciones ya dejaron de mostrar lo que me gustaba para dedicarse a darme consejos, tips y lo que después vi que eran mentiras sobre lo fácil que es conseguir empleo.
LinkedIn! La salvación era el linkedIn, un espacio profesional donde ya de hecho tenía mis datos. Decidí consultar por distintas vías qué podía hacer y comencé a preocuparme: tenía que adaptar todo de acuerdo a lo que quería: la imagen del encabezado, el titulo, la descripción, las habilidades… me recomendaron pagar el premium para tener mas acceso a detalles, y en general dediqué horas y horas a diario a cambiar lo mismo de acuerdo a lo que iba aprendiendo de las miles de recomendaciones, videos y miedos propios. Y por supuesto, la vía más tradicional, compartir mi CV. Lo primero que me dije fué que podía bajar lo que ya había arreglado en LinkedIn y tenerlo en PDF, pero cuando propuse eso a algunos de mis asesores, casi me mata por tener una idea tan absurda! En medio de mi confusión vi que debía tener un resumen curricular de una sola hoja. Ni siquiera la versión que me bajaba de LinkedIn era de una hoja, y en alguna recomendación de ChatGPT me confirmaba que si Einstein estuviera buscando empleo, sólo en ese caso se aceptaría un CV de 2 hojas!. Luego de reducir, con mucho esfuerzo, el CV a una hoja y comenzar a compartirlo a quienes consideré que me podían ayudar, salieron temas como los ATS (Applicant Tracking Systems), el número de habilidades, adaptarlo al puesto al que me iba a postular… y se me hizo fácil apoyarme con la IA para todo eso hasta que alguien me dijo: NOOOOOOOOOOOOOOOO si descubren que usas IA te van a despreciar!!!!!!!!
Al final, pude entender que hay una gran diferencia entre Trabajo y Empleo: el trabajo es toda actividad humana (no de la IA) física o intelectual que se hace para generar un bien, un servicio o generar valor bien sea para uno o para los demás; mientras que Empleo es una forma específica de trabajo remunerado y regulado por un contrato entre un empleado y un empleador. Entonces, yo me quedé sin empleo, pero trabajo… trabajo tengo de sobra!!!! Entonces esa idea de que iba a pasar quien sabe cuanto tiempo sin hacer nada era totalmente errónea porque no tener empleo no significa no trabajar.
Hoy trabajo todos los días… por ahora en mí. Mi jornada laboral ha cambiado de forma, pero no de intensidad:
- Trabajo en actualizar mi currículum para que pase los filtros de los sistemas ATS, esos algoritmos que deciden si un perfil llega o no a un reclutador humano.
- Trabajo en adaptar mi perfil de LinkedIn, para que sea visible en las búsquedas correctas y cuente mi historia profesional de forma estratégica.
- Trabajo en preparar entrevistas, investigar empresas, contactar redes, algo tan exigente como cualquier proyecto corporativo.
- Trabajo en mantenerme emocionalmente en pie, porque la búsqueda de empleo también es una prueba de resiliencia.
Y ya entendí muy bien que hoy en día buscar empleo no es simplemente enviar currícula y esperar. Implica:
- Entender cómo funcionan los benditos ATS (lo cual aun no logro y por lo que veo no mucha gente mas lo sabe) y optimizar el CV con palabras clave.
- Desarrollar un pitch personal (me encanta como suena el decir quien soy) para entrevistas y networking.
- Aprender sobre marca personal digital y cómo destacar en plataformas profesionales (y buscar cómo recuperar mis aplicaciones, donde ya no quiero mas asesores ni consejos de empleos fantásticos).
- Aprovechar mi experiencia para gestionar el tiempo y la energía como si llevara un proyecto estratégico: el proyecto de mi futuro profesional.
Afortunadamente no ha pasado mucho tiempo desde que estoy en ésta nueva circunstancia, y con la experiencia que he vivido en estos últimos días concluyo lo siguiente:
- Uno es quien es. Puedo adaptar el CV, puedo adaptarme a lo que quieren escuchar, pero al final soy quien soy, con mi experiencia, con mis virtudes, con mis ganas de aportar valor.
- La rutina salva. Despertar temprano, fijar metas diarias y tener un plan de acción es clave.
- La red de contactos es oro. No se trata de pedir trabajo, sino de generar conversaciones y oportunidades.
- El empleo es solo una forma de trabajo. Mi valor no depende de un contrato; depende de lo que hago cada día para seguir avanzando.


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