Fernando J. Castellano Azócar
En muchos contratos existe una cláusula implícita que casi nadie quiere leer: esto puede terminar.
En la práctica profesional, esa cláusula rara vez se interioriza.
La mayoría de las personas (entre las cuales me incluyo) trabaja asumiendo continuidad. No éxito, continuidad. Y en base a eso se dejan algunas cosas descuidadas: no actualizar el perfil, no cuidar la red, no documentar el criterio propio, no construir voz.
El problema no es que el despido sea probable. Es problema es que no está considerado.
Qué entiendo por «cláusula inversa»
El principio de la cláusula inversa es simple: no solo considerar lo que puede salir mal, sino prepararse para que, si sucede, no sea una ruptura, sino una transición.
Es trabajar como si ese escenario estuviera previsto. No deseado, no buscado. Previsto.
La diferencia es clave. Quien aplica este principio no vive con miedo a perder el trabajo. Vive con conciencia de que su proyecto profesional no depende de una sola estructura.
El error común: pensar que «a mí no me va a pasar»
En el día a día laboral, el despido se percibe como algo remoto, casi ajeno. Le pasa a otros. A otras áreas. A otras empresas. Hasta que pasa.
Y cuando pasa, la reacción suele ser la misma:
- Reactivar LinkedIn de golpe.
- Aceptar contactos de forma masiva.
- «Volver» a compartir algo después de años en silencio.
- Ajustar el CV con urgencia.
Todo es legítimo. Pero es reactivo.
Y lo reactivo siempre llega tarde.
Aplicar la cláusula inversa en la carrera profesional
Aplicar este principio no requiere acciones heroicas ni estrategias complejas. Requiere constancia mínima y criterio.
En mi experiencia, hay tres frentes claros:
1- Tener el perfil profesional siempre en estado operativo
No perfecto. Operativo.
Un perfil de LinkedIn que:
- Explique con claridad qué sabes hacer.
- Muestre criterio, no solo cargos.
- Esté actualizado aunque no estés buscando trabajo.
No para «buscar empleo», sino para ser reconocible cuando alguien piense:
«Esta persona podría aportar aquí».
2- Mantener presencia, no visibilidad artificial
No se trata de publicar por publicar.
Se trata de existir en la conversación.
Compartir ideas, aprendizajes, reflexiones reales. Algunos desde LinkedIn, así como en otros espacios si tienen sentido para ti.
En mi caso, eso me llevó a:
- Retomar mi blog personal.
- Escribir con más intención.
- Explorar un canal de Youtube como extensión del pensamiento.
No por marca personal en abstracto sino porque pensar en voz alta construye contexto.
3- Construir relaciones antes de necesitarlas
La cláusula inversa aplicada a las relaciones profesionales es simple:
que no sea la urgencia la que te vuelva visible.
Cuando llega el momento difícil, idealmente:
- Ya te conocen.
- Ya han leído algo tuyo.
- Ya saben cómo piensas.
- Ya confían en tu criterio.
Eso cambia completamente la conversación.
El proyecto más importante que gestionas eres tú
Ninguna empresa, por sólida que parezca, sustituye la responsabilidad individual sobre la propia trayectoria.
Aplicar la cláusula inversa no es desconfiar del trabajo actual. Es no delegar tu futuro profesional en una sola decisión que no controlas.
Cuando gestionas tu perfil, tu red y tu voz con constancia, ocurre algo interesante:
- Aportas más valor donde estás.
- Te vuelves más consciente de lo que sabes.
- Reduces el miedo al cambio.
Porque ya no comienzas de cero si algo se rompe.
Trabajar como si el despido fuera imposible es cómodo.
Trabajar como si estuviera contemplado es profesional.
La cláusula inversa no te prepara para perder.
Te prepara para no quedarte sin opciones.
Y eso, en el mundo laboral actual, no es pesimismo. Es gestión.


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