Serie: El ritmo en mi corazón
Fernando J. Castellano Azócar
Hubo un momento en mi vida en el que escuché “Extranjero” de Franco De Vita muchas veces… sin realmente escucharla… Era una buena canción. Una historia bien contada. Pero ajena. No conectaba conmigo porque no estaba en mi radar. No formaba parte de mi realidad. Hasta que un día, muchos años después, dejó de ser una canción… y se convirtió en un espejo.
Hace un tiempo, en una llamada con mi familia en Venezuela, alguien me dijo algo que, en apariencia, parecía un comentario casual:
“Ya casi no hablas como venezolano… hablas mexicanísimo”
Y lo interesante es que, aquí en México, me siguen preguntando de dónde soy.
Ese contraste fue suficiente. En ese momento entendí algo que antes no tenía forma: no importa cuánto te adaptes, siempre hay algo que te delata. En mi caso, el acento. Pero en realidad es más que eso.
Es la historia que cargas… aunque no la estés contando.
Cuando escuchaba esta canción en particular, por allá en el año 1990, solo me quedaba con la narrativa superficial:
- Alguien que se va
- Alguien que trabaja
- Alguien que sueña con volver
Pero ahora entiendo esa capa mucho más profunda que pasaba desapercibida hasta que se alineó con lo que vivo.
La canción no habla solo de migración. Habla de algo más difícil:
La pérdida irreversible de pertenencia.
porque el personaje no fracasa. No le va mal. Construye una vida. Y aún así, cuando regresa… ya no encaja.
Hay un matiz que hoy hace esta canción aún más dura. Antes, la historia tenía una especie de cierre:
Te ibas…
vivías…
y eventualmente volvías.
Hoy, para millones de venezolanos, ese ciclo está roto. no es que no quieran volver. Es que por distintas circunstancias no pueden. Y eso cambia completamente el significado de ser extranjero. Porque entonces ocurre algo que la canción sugiere, pero que hoy es más evidente que nunca:
No sólo eres extranjero en otro país. También empiezas a ser extranjero del lugar al que pertenecías.
Sin regreso.
Sin cierre.
Sin reconciliación.
Adaptarse no es opcional. Es lo que te permite avanzar, integrarte, construir. pero cada ajuste tiene un costo:
- Cambias palabras
- Cambias referencias
- Cambias códigos
Y sin darte cuenta, te mueves… lo suficiente para ya no ser el mismo, pero no lo suficiente para ser completamente otro. Y ahí es donde esa frase deja de ser letra… y se convierte en diagnóstico:
«Con el acento propio de extranjero.»
Hoy, cuando escucho esta canción, no la escucho igual. Ya no es la historia de alguien más. Es una descripción bastante precisa de lo que significa vivir entre dos mundos.
Y quizá la parte más honesta de todo esto es aceptar algo que no necesariamente es cómodo: No se trata de dejar de ser extranjero. Se trata de entender que, en muchos casos, eso ya es parte de quien eres.
Video: esta historia en primera persona
Aquí desarrollo esta idea desde mi propia experiencia:
La canción que lo dijo antes que yo
Y aquí está la canción completa:


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