Venezuela no siempre fue así


Fernando J. Castellano Azócar

Hay frases que uno lleva tiempo cargando sin saber exactamente cuándo decirlas.

En mi caso, una de esas frases es esta: Venezuela no siempre fue así.

La he pensado muchas veces, pero también la he evitado muchas veces. Porque hablar de Venezuela no es sencillo. Para quienes nos fuimos, para quienes se quedaron, para quienes tuvieron que salir sin querer hacerlo, para quienes crecieron viendo cómo el país cambiaba frente a sus ojos, Venezuela no es solo un lugar. Es una mezcla de memoria, dolor, identidad, distancia y preguntas que no siempre tienen respuesta.

Además, hablar de Venezuela corre siempre el riesgo de caer en terrenos difíciles. Uno puede terminar sonando político, nostálgico, resentido, ingenuo o incluso desconectado de la realidad de quienes siguen viviendo allá.

Por eso me ha costado encontrar el tono.

Pero cada vez estoy más convencido de que hay algo que vale la pena decir: Venezuela no puede quedar reducida solamente a la imagen de la crisis.

Esa crisis existe. No hay que negarla. Ha marcado la vida de millones de personas. Ha cambiado familias, proyectos, carreras, ciudades, recuerdos y futuros. Sería absurdo intentar maquillar lo que ha ocurrido.

Pero también sería injusto pensar que Venezuela siempre fue solamente eso.

Las Venezuelas que llevamos encima

Con el tiempo he llegado a pensar que quienes estamos fuera convivimos con varias Venezuelas al mismo tiempo.

Está la Venezuela que dejamos. Esa que quedó congelada en nuestra memoria, con sus calles, sus rutinas, sus afectos, sus comidas, sus acentos y sus lugares. Para algunos, esa Venezuela está asociada a recuerdos felices. Para otros, a momentos duros. Porque no todos salimos de la misma forma ni por las mismas razones.

Está también la Venezuela que aparece en las noticias. Una Venezuela real, pero incompleta. La Venezuela de la crisis, de la migración, del deterioro, de los problemas que sí existen y que forman parte de la historia reciente del país.

Pero también está otra Venezuela: la que muchos vivimos como normal. La de la infancia, la juventud, la familia, la escuela, la universidad, la radio, la televisión, las vacaciones, la playa, la montaña, los amigos, los cuentos, las rutinas y la vida cotidiana.

Esa es la Venezuela que quiero recordar.

No porque haya sido perfecta. No lo fue.

No porque antes no existieran problemas. Existían.

No porque quiera convertir el pasado en una postal cómoda. No se trata de eso.

Quiero recordarla porque también forma parte de la historia. Porque si no contamos esa Venezuela, el relato queda incompleto.

Mirar a Venezuela desde México

Vivir en México me ha ayudado a entender esto de otra manera.

Cuando uno emigra, empieza a mirar su país desde afuera. Pero también empieza a mirar el país que lo recibe desde adentro. Y eso cambia la perspectiva.

México, como cualquier país, tiene problemas, heridas y contradicciones. Muchas veces, desde afuera, también se le mira solo por sus noticias más duras. Pero vivir aquí me ha permitido ver otro México: el de la gente que trabaja, estudia, emprende, forma familia, ayuda, construye y sostiene el país todos los días sin aparecer en titulares.

Ese México cotidiano rara vez es noticia.

Pero existe.

Y eso me hizo pensar en Venezuela.

Porque así como mucha gente puede mirar a México y creer que es solamente lo que aparece en las noticias, también mucha gente mira a Venezuela y cree que es solamente crisis.

Y no es así.

Los países son mucho más complejos que sus peores titulares.

La vida que sigue

También hay algo que quienes estamos fuera debemos reconocer con humildad: en Venezuela sigue habiendo vida.

Hay gente estudiando, trabajando, criando hijos, celebrando cumpleaños, resolviendo, emprendiendo, riéndose, ayudándose, yendo a la playa, a la montaña, al colegio, a la universidad. Hay gente intentando construir normalidad incluso en medio de circunstancias difíciles.

A veces, desde afuera, influenciados por las noticias, por el dolor y por nuestra propia memoria congelada, podemos terminar imaginando que todo se detuvo.

Pero no se detuvo.

La vida siguió.

Y quienes viven allá tienen una experiencia que quienes estamos fuera no podemos reemplazar ni explicar completamente.

Por eso esta serie no pretende hablar por todos. No pretende contar “la verdad definitiva” sobre Venezuela. No pretende cerrar ninguna discusión.

Solo busca aportar una experiencia más.

La mía.

La de alguien que nació y creció allá, que ahora vive en México, y que desde esa distancia intenta mirar a Venezuela con más perspectiva, más cuidado y más honestidad.

Una serie para recordar con más profundidad

Por eso el 14 de Junio abro una nueva serie dentro de mi canal de YouTube Mexicano por Decisión: Venezuela no siempre fue así.

Será una serie para hablar de memoria, identidad y distancia. Para recordar experiencias, lugares, costumbres y momentos que formaron parte de la Venezuela que muchos vivimos. Pero también para reflexionar sobre lo que pasa cuando un país queda atrapado, ante los ojos del mundo, en una sola narrativa.

No quiero hacer una serie política.

No quiero idealizar el pasado.

No quiero negar el presente.

Quiero recordar.

Y recordar, en este caso, no es escapar de la realidad. Es intentar completarla.

Porque si solo hablamos de la crisis, dejamos fuera la vida que hubo antes y la vida que todavía existe. Y si solo hablamos desde la nostalgia, también corremos el riesgo de borrar el dolor de quienes vivieron otra experiencia.

El reto está en mirar con más profundidad.

Con más matices.

Con más responsabilidad.

Venezuela no siempre fue así.

Y tal vez, para entender lo que fuimos, lo que somos y lo que podríamos volver a ser, primero tenemos que atrevernos a contar más de una versión de nuestra propia historia.


Comentarios

Deja un comentario