¿Actitud o Aptitud?: He allí el Dilema


Por: Fernando J. Castellano Azócar

Lo importante es la aCtitud, con C“, nos decían constantemente. Y hoy en día, lo vivo a diario. No se trata de un tema de la forma de ser de las personas; cada quien es como es, y eso hace que avancemos como raza. Por el contrario, la aCtitud es ese extra que lo lleva a uno al éxito o al fracaso. De hecho, el éxito y el fracaso se convierten en definiciones que están atadas en un 100% a la aCtitud que tengamos.

Afortunadamente, tanto la aPtitud, como la aCtitud, se desarrollan por voluntad propia. En el caso de la primera, el estudio y la experiencia son la base que la conforma. Para la segunda, es un tema muy interno de decisión el que la constituye.

A diario se interactúa con mucha gente, todas talentosas, la mayoría más que aptos para sus roles, sin embargo, los resultados no llegan a ser tan buenos como los que genera la expectativa (y la necesidad). Al ver puntualmente lo que va sucediendo, se determina que hubo casos en los que no se hizo todo lo que se requería, e incluso más. A pesar de contar con el tiempo, con los recursos y la confianza, se presentan, en el mejor de los casos, excusas, y en el peor, silencio. El punto de falla más común: la aCtitud.

Entonces, surgen dos preguntas: la primera es si se prefiere a alguien con mucha aptitud o a alguien con mucha actitud?. La segunda: cómo se puede determinar la verdadera actitud en la gente?

A la primera pregunta, mi respuesta está en la imagen que encabeza este artículo. La aptitud se obtiene con trabajo y constancia. Hoy en día los medios para obtener una formación en cualquier área que se decida son infinitos. Pero la actitud… la actitud es algo muy interno en cada uno de nosotros, tan interno que sólo pocos logran descubrirlo y domarlo. Y digo domarlo porque ese “algo” no es perfecto. La actitud nos pone siempre ante situaciones dicotómicas, donde terminamos preguntándonos si realmente estamos haciendo lo que debemos. Sin embargo, la actitud requiere aptitud para ser realmente efectiva. La actitud con aptitud es la que diferencia a quien las posee del resto. Por el contrario, la aptitud sin actitud sólo permite mantenerse en las gradas del público general, donde cualquiera que se sienta envalentonado ocupará el lugar que quiera sin mayor problema.

Y sobre la segunda pregunta, quizás sea tan fácil como utilizar un detector de mentiras, y una vez conectado el candidato pedirle que responda solo con “si” o “no” a la pregunta: “tiene usted actitud?”. Con eso quizás aumentamos las posibilidades de que realmente estemos ante alguien con verdadera actitud, sin embargo, solo el tiempo y las circunstancias que se presenten permitirán saber si se seleccionó al adecuado y, por supuesto, la actitud con la cual se enfrente la situación.

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