Precisión vs. Exactitud: una lección incómoda para el liderazgo


Fernando J. Castellano Azócar

En liderazgo solemos tratar como sinónimos dos conceptos que no lo son: precisión y exactitud. La confusión no es teórica; es práctica, y tiene consecuencias directas en los resultados.

La precisión consiste en obtener el mismo resultado de forma consistente. Es repetibilidad. Es método. Es control.
Un equipo preciso trabaja con procesos claros, métricas estables y ejecución confiable.

La exactitud, en cambio, consiste en dar en el blanco. En lograr el resultado que realmente importa.

La distinción es clave:

La única forma de ser consistentemente exacto es ser primero preciso. Pero no toda precisión conduce a la exactitud.

El error silencioso de muchos líderes

En muchas organizaciones el problema no es la falta de capacidad, sino la falsa sensación de avance.

Equipos que:

  • cumplen procesos,
  • dominan la técnica,
  • ejecutan con disciplina,

pero que, aún así, no entregan el resultado global esperado.

Todo parece funcionar, pero el impacto no llega.
La precisión existe; la exactitud no.

Este es uno de los errores más difíciles de detectar para un líder, porque no se manifiesta como caos, sino como orden improductivo.

Cuando el conocimiento no basta

Me encontré exactamente con este escenario cuando fuí contratado para liderar un equipo técnico.

No heredé un equipo inexperto ni desordenado.
Heredé un grupo con alto dominio técnico, conocimiento profundo del negocio, herramientas adecuadas y trayectoria suficiente para saber qué hacer. Y, sin embargo, los resultados que se esperaban no se estaban logrando.

El problema no era la ejecución individual ni la capacidad técnica.
El problema era que cada quien estaba siendo preciso… respecto a un blanco distinto.

El liderazgo como acto de alineación

El cambio no vino por imponer más controles ni por elevar la exigencia técnica. Vino por definir con claridad qué significaba «dar en el blanco» y sostener ese criterio de forma consistente.

Mi aporte como líder fué:

  • establecer prioridades inequívocas,
  • alinear expectativas técnicas con objetivos de negocio,
  • traducir experiencia en criterios compartidos,
  • y sostener ese foco incluso cuando lo urgente amenazaba con desplazar a lo importante.

Con el mismo equipo, los mismos recursos y las mismas capacidades, el resultado cambió. La precisión que ya existía empezó a producir exactitud.

Ese fué el logro: no construir capacidad, sino dirigirla correctamente.

Precisión sin reflexión es solo eficiencia del error

La precisión es indispensable. Sin ella no hay aprendizaje ni mejora sostenida. Pero cuando no se revisa el objetivo, la precisión solo optimiza el camino equivocado.

En liderazgo, el verdadero riesgo no es fallar rápido, sino ejecutar bien algo que no debía ejecutarse así.

Por eso liderar no es únicamente organizar el trabajo, sino pensar el trabajo.

REIP: del método al criterio

Desde el marco REIP, esta experiencia refuerza una idea central:

  • La Reflexión evita que la precisión se vuelva inercial.
  • La Emulación permite contrastar el blanco propio con referentes reales.
  • El Intento con intención obliga a declarar qué significa éxito antes de medirlo.
  • La Práctica consolida la precisión necesaria para ajustar sin improvisar.

REIP no busca líderes más ocupados, sino líderes más certeros.

Una lección que permanece

Hoy es más fácil que nunca ser precisos: datos, herramientas, procesos y automatización están al alcance. Lo difícil sigue siendo ser exacto.

Porque la exactitud exige criterio. Y el criterio no se delega.

Ahí es donde el liderazgo deja de ser una función y se convierte en una responsabilidad real.


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