La Quinta Silla


Confieso que siempre he tenido “un tema” con respecto a las sillas que puedo usar para trabajar. Asumo que es parte de la herencia por haber tenido la oportunidad de tener un “cuarto de estudio” en cada casa donde vivimos, donde mis padres trabajaban.

Parte del “tema” que tengo es que las sillas son como la ropa interior, y sólo debe usarlas una sola persona. Y la razón para mí es muy sencilla y clara: en todas las horas que se pasan sentado en las mismas suceden muchas cosas que a mi entender terminan siendo muy íntimas. Los estados líquidos y gaseosos son los principales que terminan llegando al asiento, lo cual genera estados que deberían ser exclusivos para quienes tienen asignadas las sillas. Para mi esto es una realidad que quizás a los demás no se les había ocurrido, pero ahora que lo saben seguro pensarán al respecto.

La verdad es que es un evento muy poco probable que le asignen una silla nueva al momento en que es contratado, de manera que no queda más que asumir, al menos en mi caso, que la silla es nueva. Pero cómo creen que me puedo sentir cuando me asignan una silla que tiene un asiento negro y que justo en el lugar donde queda la entrepierna hay una muy sospechosa mancha blanca, que parece provenir de fluidos que se han dejado caer?. No hay que tener un “tema” como el mío para pensar en las posibles causas de dicha mancha, pero ante la posibilidad, me dediqué a investigar al respecto, y afortunadamente llegué a la raíz del problema. Resulta que las personas que hacen la limpieza, al momento de limpiar los escritorios colocan en las sillas el recipiente con el agua y el trapo con el que harán su labor. Por lo general esa agua está combinada con algún producto químico que, en contacto con la tela, hace que pierda su color, dejando una marca blanca justo en el centro de la silla ya que se va regando el exceso del líquido y va dejando ese rastro, y como el recipiente se ubica en el centro de la silla, la mancha coincide con la entrepierna. El descubrir eso me llevo mucho tiempo, pero la tranquilidad que me dejó valió cada minuto invertido. Claro, el dueño de la empresa en la que trabajaba en ese entonces se mostró algo confundido cuando apasionadamente le conté de mi descubrimiento, para solicitarle que diera la instrucción de que colocaran algo al limpiar sobre las sillas para que no se dañaran; su silla era de piel y no se veía afectado por este problema. Pero como toda regla tiene su excepción, en una oportunidad tuve que ir a un laboratorio a realizarme un espermograma, y como parte del proceso me pasaron a un baño donde había una silla en la cual podría ocuparme de lo necesario, pero, esa silla presentaba la misma mancha blanca, y dado el contexto y las circunstancias, no quise arriesgarme y simplemente no la utilicé…

Como en cada sitio donde viví con mis padres, ahora en mi casa tengo un “cuarto de estudio”. Cuando recién nos mudamos armamos todo y compre una sillita que costo unos 25 dólares. La silla era suficiente para trabajos eventuales, si acaso los fines de semana, en una época en la que el “home office” era algo reservado para muy pocas oportunidades. Con la llegada de la pandemia tuvimos que comprar otro escritorio y otra silla ya que no solo yo iba a estar trabajando desde la casa, sino que mi hija también estaría tomando sus clases, lo cual no podía suceder todo en el mismo espacio físico. Así, me compré una silla que me costo unos 100 dólares, y como la primera que teníamos estaba muy usada le compramos otra igual a mi hija. Una vez que armé mi silla, pude ver que en realidad no se veía tan robusta como la que tenía en la oficina. De hecho, tuve la gran fortuna de que la oficina que me asignaron la estrené yo, así que el mobiliario era nuevo, incluyendo mi silla! Lo cierto del caso es que a pesar de que la diferencia era obvia, le fui tomando confianza a mi silla nueva, hasta que un día me entusiasmé y me estiré y casi me desnuco cuando una parte de la silla se partió! Afortunadamente al hacer el reclamo por la pieza partida me respondieron y me enviaron no una sino dos piezas como parte de la garantía. Para ese momento ya se había hecho evidente que mi hija pasaría unas 6 horas frente al computador tomando en línea sus clases, y que la “sillita” que le habíamos comprado le causaría escoliosis si la seguía usando a ese ritmo diario, por lo que decidí darle la silla que acababa de arreglar, que dada su contextura física no correría el mismo peligro que corría yo de volver a romperla, y comprarme mi cuarta silla. Decidí invertir el doble, con lo que esperaba obtener una silla mucho mejor; pero cuando llegó y la armé, aunque tenía algunas características mejoradas en comparación con la anterior, aun no me sentía confiado. Así comencé a usar la nueva silla, pero no me atrevía a llevarla a los límites. Al estar todo el día tenso por no querer arriesgarme a probar qué tan sólida era mi nueva adquisición, comencé a sufrir de dolores en la espalda. Un día que andaba en una tienda por departamentos vi una silla que era igual a la que estaba sin uso y prácticamente nueva en mi oficina, así que decidí terminar con mi sufrimiento y simplemente comprarla. Me acerqué, la probé y recordé la seguridad que sentía cuando usaba mi silla en la oficina, y habiendo tomado la decisión busqué la etiqueta, con lo cual maté la intención que tenía. La silla era una Hermann Miller, que costaba 10 veces más lo que me había costado mi más reciente adquisición.

Luego de varios meses de dolor, me atreví a proponer que me hicieran un préstamo por la silla. Inicialmente me dijeron que no habían considerado una solicitud así, pero que verían si se podía, y afortunadamente unos días después llegaba a mi casa la Quinta Silla.

Muchas veces consideramos que los únicos beneficios que debemos recibir son principalmente los económicos, pero hay muchos otros que sencillamente pasan desapercibidos. En muchas oportunidades escuchamos en nuestros ambientes de trabajo palabras como “ergonomia”, y no entendemos la importancia que tienen. En mi caso, luego de solo algunas semanas, los dolores desaparecieron, por lo que agradezco enormemente que hayan considerado mi extraña solicitud. Obviamente las condiciones han cambiado y si antes estábamos 8 horas en la oficina, quizás 6 estábamos sentados, pero al menos en mi caso las jornadas diarias pueden llegar a ser de 10 horas sentado, lo cual requiere de algunos ajustes que inicialmente no había considerado.

Abramos nuestra percepción a cosas que son transparentes pero que en volumen representan un aspecto muy importante. Por ahora, sigo disfrutando de ésta, mi Quinta Silla.

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