Cuando un currículum cabe en una carpeta (y no en LinkedIn)


Fernando J. Castellano Azócar

Durante años he mantenido una carpeta gruesa, con más de 90 hojas perfectamente organizadas en orden cronológico: diplomas, certificados, cartas de recomendación, constancias de cursos, reconocimientos. Esa carpeta ha sido, en cierto modo, mi vida profesional entre hojas de papel. Cada vez que debía aplicar a un puesto, preparar una entrevista o simplemente actualizar mi perfil, ahí estaba yo revisando, seleccionando y ordenando qué poner y qué no.

En aquellos días (asi como se habla en la Biblia), tener un currículum sólido no se trataba solo de escribirlo: había que respaldarlo físicamente. Y debo confesar que me sentía orgulloso de mi carpeta, porque era la prueba tangible de los años invertidos en aprender, trabajar y crecer.

Hoy, esa carpeta es poco más que una reliquia.
El mundo cambió. Ya nadie pide ver la constancia impresa de cada curso, y al menos en mi experiencia reciente he tenido que pelear para meter mi Currículo que son 10 paginas mas todos los anexos en solo una, y Dios guarde que se me ocurra no hacerlo en una lucha de vida o muerte contra los ATS. Lo que pesa ahora es tu presencia digital: lo que reflejes en LinkedIn, la foma en que cuentas tu experiencia, la coherencia entre lo que dices y lo que haces.

Jamás llegaría a aceptar (y mucho menos a decir) que mi carpeta no tiene valor. De hecho, para mí se ha convertido en una especia de pieza de museo personal: un recordatorio de que el esfuerzo deja huellas, aunque el formato para mostrarlas cambie con el tiempo.

Quizás el currículum de hoy ya no se guarda en folios, sino en perfiles digitales, en proyectos publicados, en la reputación que se construye todos los días. Me es muy difícil aceptar que esa carpeta que siempre ha sido tan indispensable que fué lo primero que metí a la maleta en las mudanzas que hemos vivido entre ciudades y países, ahora termine siendo un objeto de nostalgia. Precisamente salió recientemente de la gaveta donde estan todos los documentos más importantes porque me preguntaron si había hecho alguna certificación, y por supuesto la respuesta estaba ahí. Casi con guantes blancos y cubreboca procedí a buscar el soporte correspondiente.

Definitivamente, mi carpeta es un testimonio de cómo particularmente en lo profesional o evolucionamos o quedamos atrapados en el pasado (y sin empleo).

Y tú? Tienes también tu carpeta?


Comentarios

Deja un comentario