Como cuando pasé Calculo 10


Era mi segundo semestre en La Universidad, y aún me estaba «adaptando». En ese proceso, no había podido aprobar Calculo 10, una (si no la más) de las materias más importantes en el primer semestre de la carrera que estudié, y al enterarse mi papá de la situación, y que tenía una última oportunidad para hacerlo en ese semestre (el examen de reparación), me visitó de improviso, sin mi mamá, lo cual me pareció muy extraño. Al final de ese día me invitó a comer, y como era costumbre en mi casa, justo en medio de la cena salió a relucir la razón de tan extraño viaje.

Comenzó mi papá diciéndome que ya yo era mayor de edad (apenas había cumplido 18 años), por lo que no podía obligarme a retirarme de la Universidad, sin embargo, si no lograba aprobar la materia en ese último examen, que ya no me apoyarían más, por lo cual tendría que valerme por mi mismo si quería seguir estudiando. Al comienzo lo tomé no muy en serio, sin embargo pude ver en su mirada que hablaba muy en serio. Regresamos a la casa, y al otro día, como si no hubiese pasado nada, se fué muy temprano. El mensaje era claro y conciso, por lo que tomé la decisión que había estado evitando: dedicarme a estudiar con seriedad para el examen.

Vivía en casa de una de mis Tías, quien en ese momento estaba de viaje, de manera que decidí encerrarme y sólo dedicarme a estudiar. Todos los días estudiaba los problemas del Leithold y del Piskunov, sin planes de dejar para nada la casa. La probabilidad de aprobar ese examen era muy, muy pequeña, de manera que el esfuerzo debía ser muy serio y grande. Me llamaban mis amigos de juerga para salir como de costumbre, y en todos los casos logré no sucumbir a la tentación. Incluso iban a buscarme a la casa, extrañados de mi actitud, y en cada visita tuve que explicar a mis incrédulos interlocutores las razones para no salir. Todos los días estudiaba, y estudiaba, sin hacer nada más, con el único objetivo de lograr aprobar el difícil exámen, lo cual finalmente sucedió.

Estos días de encierro me recuerdan mucho esa experiencia. Con la voluntad de no salir bajo ninguna tentación (sólo a lo estrictamente necesario), dedicado en cuerpo y alma a mi trabajo, que es lo que nos mantiene por ahora, y que resulta ser el punto de mayor debilidad. Pero como en esa oportunidad, estoy enfocado en cada cosa relevante, no solo en lo laboral sino en lo personal, de manera de aprovechar todo lo que se pueda la situación en la que vivimos. Lo más importante es la actitud… Eso es lo que hace la diferencia entre el éxito y el fracaso en todo reto que se enfrente, incluso en los que parecen más imposibles.

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