Momentos de Decisión


Photo by Nathan Dumlao on Unsplash

Por: Fernando J. Castellano Azócar

En el ámbito profesional, la preparación, la experiencia y los resultados que se presentan permiten ir alcanzando nuevas posiciones, que por lo general representan cada una de ellas más responsabilidad.

El esfuerzo en cada escalón es grande, se manejan en cada nivel situaciones que retan todo lo aprendido y vivido hasta ese momento; en muchas oportunidades se logra el objetivo establecido, pero en algunas no, lo cual se convierte en las mejores lecciones para eventos futuros.

Con cada escalón que se sube viene la emoción del reto logrado y la expectativa de lo desconocido, que en la medida en la que se va acumulando experiencia resulta no tan desconocido, ya que de alguna manera se puede extrapolar de las experiencias anteriores, lo cual provee una base importante para lograr el éxito. Pero hay un elemento que sin lugar a dudas está presente a lo largo de todo ese camino, y del cual poco se habla a los candidatos en ascenso: los Momentos de Decisión.

El conocimiento se puede alcanzar con esfuerzo; la experiencia se relaciona con lo que se vive, lo cual no necesariamente se relaciona con el tiempo ejerciendo la labor; pero con todos esos elementos, y sin lugar a dudas algo de suerte, de forma irremediable se enfrenta lo desconocido con la única herramienta disponible: la toma de decisiones.

El momento en el cual se reducen las posibilidades de acción ante un hecho en particular, requiere la decisión sobre cual se va a ejecutar. Y para tomar esa decisión se consideran incluso factores que van mucho más allá de lo evidente y lógico. Y es que hay decisiones que no representan mayor problema de tomarse, pero otras requieren todo el esfuerzo, dedicación y ánimo. Cuando llegan estas últimas, es cuando se enfrenta uno a la realidad de que por ellas es que lo seleccionaron para el rol que se desempeña. Se pueden tener dudas, se puede buscar el apoyo, pero al final se está sólo para tomar la decisión requerida. Y en base a los elementos que se tienen, se hace, y se pasa a una segunda etapa que es el control de los resultados y la mitigación de los problemas, porque toda decisión termina siendo como una moneda lanzada al aire, y que en su vuelo intercambia sus dos lados, así como su canto.

Por lo general, uno vive preparándose para ese momento, al comienzo de forma inconsciente, para lo cual se capturan conocimientos, herramientas y datos. Pero al momento de enfrentar la decisión a tomar, se está sólo con elementos como el temor a equivocarse, los planes de contingencia y el conocimiento de las consecuencias a asumir. Para eso no nos prepara la academia, sino la conciencia que desarrollamos en nuestro camino, y sólo el ejercicio práctico nos guía en cuanto a la actitud requerida para enfrentar todos y cada uno de esos Momentos de Decisión.

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