La valentía de seguir cuando todo tiembla


«La vulnerabilidad no trata de ganar ni de perder; es tener la valentía para actuar cuando no puedes controlar el resultado.»
— Brené Brown

Siempre pensé que ciertas experiencias serían insoportables. Que si algún día me tocaba vivirlas, me derrumbaría. Y sin embargo, aquí estoy. No porque no duela, sino porque he descubierto que incluso en lo terrible hay salidas. Y que encontrarlas exige algo que antes subestimaba: vulnerabilidad.

Estar “en la arena” —expuesto, golpeado, sin garantías— te da una perspectiva que desde la grada es imposible tener. Desde aquí puedo decir con certeza: sí, es duro. Sí, hay incertidumbre, riesgo y exposición emocional. Pero también hay caminos, y esos caminos no se abren si uno se encierra en modo defensa.

La tentación de blindarse es fuerte. Cerrar la puerta a los comentarios, a la ayuda, a las manos que se tienden. Pero he comprobado que cuando lo haces, también cierras la puerta a que las cosas cambien para bien. Abrirse implica aceptar que otros vean tus grietas, que opinen, que sugieran. Y eso incomoda. Pero también es lo que permite que la luz entre.

«Write the story that you were always afraid to tell…»

— Dorothy Allison

La vulnerabilidad no es solo mostrar la herida, es también mostrar cómo piensas sanarla. En el liderazgo y en la vida, no basta con admitir un error o una caída: hay que articular lo aprendido y cómo ese aprendizaje guiará tus próximos pasos. La vulnerabilidad expone la brecha; la valentía es comprometerse a cerrarla.

Hoy entiendo que ganar no siempre es llegar primero. A veces ganar es seguir caminando cuando el suelo se mueve. Es permitir que otros te acompañen en el trayecto. Es confiar en que, aunque no controles el resultado, tu apertura y tu coraje son ya una victoria.